
ediToRial
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO 75
servicios básicos (salud, educación, respuesta a emergen-
cias), aquellos más pasibles de complicaciones y casos se-
veros; como ancianos e inmunodeprimidos en general, y
en tercer lugar personas que están en contacto continuo
con individuos de riesgo.
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No obstante, y frente a todos estos procesos acele-
rados, debería llevar tranquilidad al lector la existencia
de un ltro regulatorio en investigaciones biomédicas.
Este operó como una herramienta esencial para tratar de
salvaguardar los derechos de las personas. Casi oximo-
ronicamente, también se podría armar que: a pesar de
la rapidez exigida por la apabullante emergencia global,
se produjo la aprobación y el lanzamiento de muy pocas
vacunas. De 322 vacunas candidatas propuestas durante
2021 solamente 99 continuaron a pruebas clínicas, 25 al-
canzaron los estudios de ecacia de fase III y tan solo 18
recibieron algún tipo de aprobación para su uso.
Sin dudas, un retraso en la distribución de las vacu-
nas hubiera contribuido al aumento de la mortalidad por
COVID 19. No obstante; en el futuro, cuando una nue-
va amenaza viral acreciente, ojalá hayan quedado apren-
dizajes para una distribución equitativa de las mismas.
Aquello, pareció constituir el obstáculo más importante
para el control global de la pandemia. En países con bajas
tasas de inmunización, el virus continuó evolucionando
y los niveles de transmisión se mantuvieron altos. Todos
los connes del planeta, incluso los más remotos y con
altas tasas de vacunación, se vieron nalmente sacudidos
merced a la presión selectiva de variantes virales que es-
capaban a las vacunas; y provenían de países con pobres
programas de inmunización.
La falta de equidad en la distribución de las vacunas;
si bien fue importante, no fue la única causa que hizo
perdurar la pandemia. El virus se las fue arreglando para
suscitar nuevas variantes que socavaban el muro de inmu-
nidad que se iba generando con las vacunas. Cuando la
pandemia parecía amainar, desde Sudáfrica se impulsó
con preocupación la quinta ola de la enfermedad CO-
VID-19, a través de dos nuevos linajes de Omicron: BA.4
y BA.5. El aumento de casos fue alarmante y exponencial.
Se registraron tasas de positividad del 50% en Sudáfrica
en la primera semana de abril de 2022; expandiéndose rá-
pidamente primero a Europa luego al resto del mundo.
Prácticamente todos los países europeos; incluso aquellos
con una alta tasa de vacunación, se vieron afectados por
estas variantes. Aparentemente ello ocurrió por dos razo-
nes: Primero, las nuevas variantes tenían una capacidad de
contagio un poco mayor que la primera Ómicron; que a
su vez fue mayor que Delta. La segunda: dado a que esca-
paban un poco más a la protección que daban las vacunas,
hasta entonces disponibles. El continuo descubrimiento
de linajes ómicron; genéticamente diversos y esquivos a las
vacunas en curso, apuntó a la hipótesis de que un reservo-
rio especíco; como las infecciones crónicas humanas o los
hospedadores animales, podría haber contribuido a una
mayor evolución y dispersión del virus.
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Es innegable que los efectos indeseables constituyeron
“la piedra en el zapato” del desarrollo tan rápido de las
vacunas; y sin lugar a dudas atizó a su rechazo por parte
de algunos. El comienzo de la vacunación con premura
indudablemente no permitió conocer sucientemente so-
bre su seguridad. La falta de información sobre los efectos
adversos, su duración y gravedad han sido lamentable-
mente una de las razones para que un parte de la pobla-
ción rechazara la vacunación contra COVID 19. Entre
los efectos adversos inesperados, se han noticado linfa-
denopatías, síncopes, parestesias, miocarditis, parálisis de
Bell y, más recientemente, acúfenos,
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y se siguen docu-
mentando nuevos efectos adversos, algunos de los cuales
pueden ser permanentes. Las vacunas con adenovirus han
producido casos de trombosis con trombocitopenia, sín-
drome de Guillain Barré y acúfenos.
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No obstante, y por
parte de quienes nos tocó brindar opinión como expertos
por aquellos días, siempre la recomendación fue vacunar-
se, y sopesar la baja posibilidad de complicaciones con
las vacunas versus las frecuentes complicaciones; algunas
de ellas letales, suscitadas por la enfermedad COVID 19,
tales como: Síndrome de Dicultad Respiratoria Aguda
(SDRA), falla multiorgánica, frecuentes eventos trom-
boembólicos mayores en pacientes internados en cuida-
dos intensivos; entre otras cosas. Estimándose, además; a
hora de recomendar la vacunación, que el 10 al 20% de
quienes padecían la enfermedad desarrollaban COVID
Crónico y, entre ellos, un 60% fatiga crónica.
En la búsqueda de un nal para este Editorial, no sur-
gió mejor conclusión que reproducir lo que quien subs-
cribe plasmara en un artículo; destinado a la comunidad,
y publicado durante la pandemia en el medio Infobae:
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“Tal vez hoy el SARS-CoV-2 sea como las rocas gigan-
tes de hielo o el clima inclemente que vimos en la pe-
lícula El día después de mañana, pero tengamos espe-
ranzas. Tal como se trasluce al nal de aquella cción,
todo pasará, la atmósfera volverá a ser diáfana y nos
reencontraremos con nuestros seres queridos”. Las va-
cunas contra COVID 19 fueron parte necesaria de aquel
enrevesado derrotero.