
Rev. Méd. RosaRio 92: 60-64, 2026
REVISTA MÉDICA DE ROSARIO62
-Preocupado por el hecho, d’Aquino se lo rerió a su
tío, el compositor Carafa.
-Que vendría a ser .
-Michel Carafa de Colobrano, músico y ayudante
de campo, devenido en comandante de batallón tras la
campaña de Napoleón en Rusia.
-Como para que moviera alguna cha.
-Algo de eso, el punto es que el 12, d’Aquino regresó
a la Villa, pero el jardinero le impidió la entrada.
-¡Las órdenes son órdenes, Monsieur.
-Aunque dos días después, el propio Carafa fue a la
villa de Puteaux y encontró al maestro tendido en su
cama: "Bellini está muy débil".
-¿Y?
-Del 14 al 23 de septiembre, el maestro seguía como
recluso. Ningún dato.
-Más que en un enfermo allí habitaba un secreto.
-Hartos de esa situación, la noche del 22, un grupo
de amigos decide acudir al Procurador del Rey.
-Algún reejo, nalmente.
-En el mientras tanto, al día siguiente, D’Aquino re-
gresa a la Villa; la puerta entreabierta, en su interior un
silencio absoluto; y en el segundo piso, Bellini muerto
en su lecho.
-¡Qué horror!
-Cuando el jardinero apareció con velas en la mano,
le contó que los Levy estaban en París en tanto que el
maestro había fallecido, entre delirios y convulsiones.
-¡Pero algún médico debe haberlo visitado, por todos
los cielos!
-En realidad Cristina Belgiojoso envió el 11 de sep-
tiembre a Luigi Montallegri, un compatriota exiliado,
quien habría servido como médico en el ejército de Na-
poleón.
-¡Menos mal!
-El facultativo estaba ojo de papeles, puesto que el
título de médico supuestamente obtenido en 1802 le
fue reconocido ocialmente por la Facultad de Medici-
na de París en 1839.
-O sea que al momento de visitar a Bellini, ejercía la
medicina casi clandestinamente.
-Y sí. Lo cual podría haber jugado un papel impor-
tante, en esto del hermetismo.
-Eso de que el silencio es salud, aquí no se dio.
-Para nada.
-¿Por qué huyeron los Lévy?
-En el desván de los enigmas; en mi cabeza también
ronda otra pregunta.
-Cante la justa.
-Si bien Montallegri tenía una limitada experiencia,
mantenía un estrecho contacto con Severini del éâtre
Italien a quien supo informar sobre el estado de salud
del maestro vía notas dejadas en su despacho.
-¿Y?
¿Por qué el director del teatro, conocedor de un par
de médicos muy reputados, no les solicitó que fueran a
examinarlo?
-¡Lo que se dice un culebrón!
-En sus observaciones, el 20 de setiembre, Monta-
llegri consignaba el alarmante estado, con considerables
episodios de diarrea mucosa y sanguinolenta.
-Feo, feo.
-Al regresar al día siguiente le pareció que había me-
jorado un tanto gracias a unas ampollas administradas
en la visita previa.
- ¿Ampollas de qué cosa?
-Se supone que Bellini pudo haber recibido un tra-
tamiento con emetina y quinina por vía oral y rectal.
-Que traducido al castellano
-Enemas y supositorios de productos naturales ex-
traídos de plantas, gracias a una técnica desarrollada por
el farmacéutico Joseph Pelletier en 1822.
-¿Se las había procurado ese señor?
-No Montallegri las habría obtenido de Joseph
Bonnevin, farmacéutico con quien sostenía un vínculo
amistoso.
-¿Y los Levy?
-Algunos reeren que a menudo dejaban la villa por
compromisos en otros sitios.
-Se me hace que en estos casos, radio pasillo es muy
prolíco en versiones oscurantistas.
-¡No faltó quien elucubrara envenenamiento!
-Como había ocurrido con Mozart.
-Por suerte se cuenta con la autopsia que puso paños
fríos a tantos "perché mi piace".
-¿A cargo de Montallegri?
-Para nada. Convocaron al Dr. Adolphe Dalmas,
profesor de la Facultad de Medicina de París.
-Finalmente apareció alguien competente.
-A destiempo, pero es conveniente su ingreso a es-
cena. Había sido miembro del comité encargado de la
lucha contra el cólera en 1831 y 1832, habida cuenta de
su experiencia en epidemias previas en Rusia, Polonia,
Alemania y Gran Bretaña.
-¿Se trataba de cólera?
-No. La autopsia reveló que la mucosa del intestino